Grupo Arquitectura Caliente será parte del Equipo Curatorial de la XXI Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile

Estamos muy felices de anunciar que el día 24 de septiembre de 2018, tras un proceso de elección por concurso abierto, el Colegio de Arquitectos de Chile anunció al Equipo Curatorial que estará a cargo de la XXI Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile que se realizará en octubre de 2019 en el Barrio Matadero Franklin. Bajo el lema de Doméstico y Colectivo: Feria Libre de Arquitectura, resultó ganadora la propuesta presentada por un Equipo compuesto por Beatriz Coeffé, Joaquín González, Vesna Obilinovic, Juan Pablo Urrutia y Tomás Villalón; más un equipo de directores y coordinadores compuesto por Consuelo Araneda, Sebastián Cuevas, Christian Fierro, Cristina Núñez y Sebastián Simonetti, con presencia de Grupo Arquitectura Caliente como productor general del evento.

Conoce a continuación la memoria de la propuesta que fue presentada a la convocatoria:

Durante las últimas décadas se ha puesto en valor en los medios de difusión, instituciones académicas y soportes especializados aquella arquitectura de grandes obras y holgados presupuestos, provocando una reacción disciplinar enfocada en el interés por aquella arquitectura menos pretensiosa. Así es como emerge un interés –por contraste– hacia la arquitectura de la pobreza, la vivienda social, equipamiento de bajo costo en contextos vulnerables y todas aquellas iniciativas que trabajan con lo mínimo. Esta reacción se manifestó explícitamente en la Bienal de Venecia 2016 y de manera local en la XX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile en 2017. Probablemente sin pretenderlo, dichos eventos dejaron una idea sobre precariedad, pobreza y marginalidad como realidades estéticamente atractivas, banalizando sus trasfondo y transformándolas en objeto de admiración por sus características exóticas como campo abierto para la arquitectura.

Chile, gracias a su constante desarrollo económico y avances democráticos, ha reducido la pobreza de aproximadamente 40% a fines de la dictadura a un 11% según la última encuesta CASEN 2017. Somos un país con mejor calidad de vida pero con una alta segregación social, situación que explica una realidad invisibilizada por lo llamativo que resulta lo dramático de la pobreza extrema y lo atractivo de la opulencia de segmentos acomodados; la clase media, personas comunes y corrientes con un contexto sociocultural que no es lo suficientemente llamativo para los medios ni intelectuales, pero sí para los políticos y el mercado por su amplia masa traducida en votos y capacidad de compra.

Dichas familias y personas comunes y corrientes no han sido de interés para la arquitectura, no cuentan con los recursos para grandes obras ni tampoco con la brutal estética de la pobreza y su altruismo asociado. Este segmento que llamamos clase media, podría ser definido como aquel compuesto de personas con ingresos entre $400.000 y 1.000.000.- mensuales, es decir 60% de la población nacional, grupo que tradicionalmente ha estado despojado de la arquitectura reconocida y premiada, ya que básicamente ven satisfechas sus necesidades de habitación por la mano invisible del mercado, según la comparsa definida por el Estado a través de subsidios complementarios al esfuerzo y endeudamiento individual.

¿Qué pasa con la arquitectura común y corriente? ¿Quién produce arquitectura para los ni tan ricos ni tan pobres? ¿Qué nivel de participación tienen los arquitectos en las necesidades de la gente común y corriente?. Son preguntas que esta Bienal intenta responder y utilizar de sustento para indagar en aquella arquitectura que necesitamos para cubrir las demandas de una nueva demografía y geografía, la de un país en el borde del desarrollo, con necesidades más maduras en torno a la calidad de vida y desarrollo de nuestras ciudades.

Aquí es donde la ciudad aparece como elemento central de este discurso, considerando que el 90% de nuestra población vive en ciudades, aglomeraciones urbanas caracterizadas por el alto nivel de segregación socio espacial con barrios claramente identificados para los más acomodados, lo más pobres y la gran masa de quienes queden entre ellos, por lo general viviendo en barrios deteriorados por el paso del tiempo y la escases de equipamiento y espacio público de calidad.

Año tras año el 80% de lo que se construye es vivienda configurándose la ciudad desde la necesidad más básica, el habitar cotidiano. De ahí es donde lo común, corriente y colectivo resulta tan relevante y trascendental en el crecimiento y regeneración de nuestras ciudades.

Lo común no sólo se entiende como lo habitual, sino que también sobre la noción de colectividad, espacio común, hace referencia precisamente a la idea de un espacio de todos. Estos espacios, o momentos, suelen, a su vez, ser justamente corrientes. No pretenden ser nada más allá de su utilidad ser soluciones directas a los problemas que lo gatillan. Son a su vez precisas, económicas, más bien justas.

Estos espacios, comunes, corrientes y colectivos, están presentes en diversos formatos y escalas: desde la posibilidad de organizar una cancha, un predio abandonado, un trozo de parque, o bien, una operación de micro arquitectura, donde la intervención en espacios públicos es capaz de regenerar trozos desarticulados de la ciudad.

La carne del problema está en el espacio público y la vivienda, como una magnífica oportunidad para mostrar un catálogo de soluciones que atienden necesidades comunes y corrientes. Desde las ideas de Retamal u Ortuzar en el sur, República Portátil en Concepción, o bien los de grupos notables en el norte de Chile que trabajan con pircas para edificar empleando lo común y corriente.

La propuesta de Bienal comienza con actos preparatorios a desarrollar desde la academia, donde se organizará a las universidades para que con sus estudiantes se instalen en ferias libres en un par de instancias ofreciendo servicios de arquitectura y tomando nota de las necesidades de la gente que les consulte. Con ello se buscará levantar una idea en cada una de las 12 ciudades con escuelas de arquitectura, desarrollando su propia visión de la arquitectura para atender demandas comunes y corrientes.

La idea de montaje consiste en el acto colonizador de apropiarse del espacio público con la construcción de una serie de carros (Folies móviles), entendiendo la noción de movilidad y montaje efímero del sitio, que puedan tener una dimensión coreográfica en el barrio. Por un lado, asumir un orden en los “eventos”, como la inauguración, pero en su estado activo salir a recorrer la ciudad o el barrio, comandado por universitarios mostrando el contenido de la Bienal. Considerando por ejemplo un cine itinerante, activadores de plazas, escena para un foro de discusión, anaquel de maquetas que se abren y cierran para que los niños los apilen y desmonten, una biblioteca de catálogos o un tablero de dibujo para niños entre otros artilugios para generar un circuito a través del espacio público para orientar a los galpones con las muestras principales.

Las muestras interiores se organizarán en el Galpón Principal del Matadero Franklin y el galpón Víctor Manuel, cuyos interiores se entenderán como un espacio ferial, flexible, donde los carros podrán ir y venir, activar y desactivar de manera distinta en los horarios y días que la bienal programe. A su vez, el interior de los galpones acogerá la muestra que empleará los códigos del barrio para hacerlo. Los proyectos no serán mostrados en láminas con planos, sino en lienzos de papel afiche, pegados con la idea de un espacio imperfecto e impreciso junto a maquetas de materiales crudos, asumiendo la estética de la sustitución y la inmediatez como un valor. Los afiches pegados configuran un vestuario momentáneo en los recintos, y ellos mismos serán impresos en gran número para ser entregados a la gente, a modo de un catálogo de soluciones y respuestas exportables a otros formatos y escalas también a distribuir en locales del barrio.

La intención en síntesis es colonizar el barrio no sólo por la utilización de más galpones, sino que también por la apropiación del espacio público que los articula, llevando la arquitectura a la ciudadanía y trayendo lo común a la arquitectura.